ACT nos enseña a mirar la conducta humana en contexto, a comprender cómo el lenguaje puede convertirse en jaula y también en posibilidad. FAP nos recuerda que la relación terapéutica es el lugar exacto donde la vida del consultante colisiona con el presente, vuelve a repetirse, se estrecha, se abre o empieza a ensayar otra forma de estar en-el-mundo. Y tú eres ese vehículo que guía la transformación en un contexto cada vez más exigente.
En infancia y familia esto se vuelve especialmente delicado. Porque un niño no viene solo. Viene con una historia, con una casa, con unos silencios, con unos adultos que a veces aman como pueden y dañan sin querer, que es una de las grandes tragedias domésticas de nuestra especie. La familia, vista de cerca, tiene algo de escena barroca. Todo el mundo ocupa un lugar, nadie mira del todo donde dice mirar, y siempre hay una sombra haciendo trabajo extra.
Por eso quizá nos venga bien pensar en Velázquez y en la familia de Las meninas. Para entender la composición, hay que mirar el fondo, los reflejos, la posición del pintor, la puerta abierta, el lugar desde el que miramos nosotros. La clínica se parece bastante a eso. No consiste solo en ver síntomas, sino en entender las escenas que se ven, pero sobre todo, las que no se ven.